Hoteles en Honolulu

Nadie dijo nada, ni siquiera cuando las lagrimas del policia bisoño rodaron por su rostro y cayeron al suelo. Se quedaron alli, contemplando anonadados la belleza extrema de aquella mujer que parecia haber preparado con tanta diligencia la escena de su muerte. Estaba completamente desnuda bajo la colcha de la cama. Era de cintura estrecha, vientre liso y senos abundantes con pezones de cobre que parecian brillar sobre una piel extremadamente blanca. Los hombros eran redondos y firmes, el cuello esbelto, las orejas diminutas sin señal de perforaciones. Tenia el cabello aureo y larguisimo esparcido en ondas sobre la almohada, los labios ya palidos por efecto del deceso, la nariz afilada y pequeña, los pomulos altos y unos ojos de color de ambar pacificos y abiertos, obstinados en el cielo de la habitacion, como si aquella difunta hermosisima se viera capaz de encontrar en el techo pintado de blanco una respuesta a las preguntas que habia dejado sin resolver al abandonar este mundo. El medico se dijo que aquella muchacha que yacia extinta ante sus ojos tenia la extraña placidez de los ahogados, de las criaturas arrancadas a la vida por los brazos del mar, que las devuelve a la playa convertidas en juguetes rotos, con el pelo lleno de algas y conchas de moluscos adheridas a las extremidades. Hernan cerro los ojos y, sin quererlo, volvio a ver a la muerta derramada con cierto aire de desgana sobre la arena blanca de una playa norteña, mientras las olas lamian con cuidado su cuerpo inmovil y la sal marina empezaba a formar una costra de espuma en el nacimiento del cabello. Cuando abrio los ojos descubrio que Cristina Sanjuan tenia los brazos ligeramente separados del tronco y las manos colocadas con las palmas hacia abajo en un gesto de tranquilidad suprema. Su postura en suave escorzo y la sabana verde del hotel, enredada en las piernas desde el nacimiento del pubis, daban a la joven un aspecto equivoco de sirena varada. De la piel tierna emanaba un discreto perfume a flores frescas, como si la hubiesen frotado con agua de colonia justo antes de entrar en la cama, y el cabello desordenado sobre el almohadon parecia proximo a flotar agitado por el aire del invierno. La paz de aquel rostro sublime, que semejaba estar a punto de dibujar una sonrisa, y aquellos miembros perfectos preparados para iniciar un movimiento de danza, obligaron al doctor Hernan a preguntarse si en efecto la joven estaba muerta y no era victima de un raro ataque de catalepsia. Engañandose a si mismo busco algun latido de vida en los laterales del cuello, pero nada mas rozar con sus dedos expertos la tez transparente de la mujer, una frialdad de piedra le hizo caer en la cuenta de lo inconcebible de su optimismo.¿De verdad esta muerta? La voz del joven policia vino a sacarle subitamente de aquella especie de limbo en que se sentia flotar. Regreso a la realidad y a su condicion de medico reputadisimo en una ciudad de provincias y se volvio ceñudo hacia el autor de la pregunta.Pues yo diria que si, señor mio. Si encuentra usted en esta muchacha algun signo de vida que yo no sea capaz de detectar despues de practicar la medicina durante treinta años, le agradeceria que me lo indicara cuanto antes.Perdoneel muchacho, atribulado, hablaba sin apartar los ojos de aquella muchacha a la que habria querido insuflar algo de vida aun a riesgo de perder la suya. Es que nunca habia visto un cadaver. El medico recupero su bonhomia caracteristica. Pablo Hernan era de ordinario un hombre y algo huraño, pero solo la conmocion causada por aquella muerte repentina servia para justificar su subito arranque de mal humor.¡No me diga! Pues ya se acostumbrara, jovencito... Aunque no le aconsejo que tome este como modelo. Por lo general, el aspecto de los fallecidos es mucho mas desagradable. El comentario del doctor tuvo la virtud de relajar la tension que flotaba en el aire desde que levantara la colcha y los presentes descubrieran como un milagro el cuerpo inerte y desnudo de Cristina Sanjuan.¿Quien es?era el propio medico quien preguntaba. El juez consulto el registro de huespedes que unos minutos antes le habia entregado la propietaria del hotel.Se llamaba Cristina Sanjuan. Llego ayer por la mañana. Sola, al parecer.Pablo Hernan se habia aproximado al cadaver y buscaba en el algun indicio de violencia. Entonces se dio cuenta de que una de las manos protegia algo. Introdujo un dedo en el cuenco de la palma y encontro lo que esperaba: una capsula diminuta de color dorado que abrio con una navaja. Estaba llena de un polvillo blanquecino que el medico reconocio enseguida.¿Que es?Cianuro. Ahi tiene, joven. El primer suicidio de su vida. Y ha tenido el detalle de ponerselo facil. Supongo que por eso conservo una pastilla. Asi no podrian surgir dudas sobre la causa del fallecimientose volvio hacia el comisario. Tendran que llevarla al hospital para practicarle la autopsia. Y supongo que habra que avisar a su familia, aunque eso ya no es cosa miarecogio el sombrero y echo una ultima mirada a la bella suicida. Aviseme cuando este todo listo y bajare al hospital. Buenos dias, señores.