Hoteles en Kentucky

su hora de llegada a la ciudad y hasta la carta de navegacion de su breve estancia en Ribanova. Muchos de los congregados decian haberla visto paseando por la calle, y dependientas de tres establecimientos de la ciudad enarbolaban como una bandera el recuerdo de haberle despachado. Todo el mundo parecia haberse cruzado con ella en el paseo dominical de la Plaza Mayor, y los camareros de los cafes de entre murallas aseguraban haberle servido el aperitivo a la una o el cafe de las seis de la tarde. Con notable disgusto, el medico y la directora del hotel descubrieron a Genarito, eterno meritorio del diario local que, camara en ristre, esperaba la primera oportunidad de su vida de cubrir una informacion suficientemente jugosa.¿Que ha pasado, Hernan? El medico contesto con un gruñido y luego trato de abrirse paso por entre la gente, pero fue inutil.Vamos, doctor, no se haga el innte...Genarito, hijo, si no supiese que eres tonto te daria una mala contestacionalgunos de los presentes sonrieron. Genaro Lopez era, definitivamente, un tipo muy poco popular. ¿Quieren dejarme pasar, por favor?Perdone, pero yo necesito saber lo que ha ocurrido.Pues entonces comprate el periodico mañana por la mañana. Y despejen, leche, que esto no es un mercado. Fue como hacer un brindis al sol. La noticia del suceso habia llevado el caos al vestibulo del Hotel en Malaga, que era de ordinario pacifico y silencioso y cuya quietud casi legendaria solo interrumpia de vez en cuando el timbre impertinente del telefono de recepcion. Aquella tarde, sin embargo, la pieza era una algarabia de ribanovenses que hablaban a voces, que reian, algunos hasta comian sin disimulo caramelos de menta adquiridos al pasar por delante de la Confiteria Pelayo, que estaba casi al lado del hotel. Habia madres con niños que lloriqueaban de aburrimiento, vendedores de la cercana plaza de abastos, empleados de banca, tertulianos del Casino, oficiales de notaria, alumnos del instituto de bachillerato, maestros de escuela, jubilados ociosos, amas de casa y hasta un sacerdote profesor del seminario que pasaba por la calle de la Reina y al escuchar el jolgorio decidio entrar a ver que ocurria. Mientras, Teleno y Fuentes habian salido del cuarto dejando al policia novato a cargo de la guardia y custodia del cuerpo de Cristina Sanjuan. El joven miraba el cadaver de la muchacha cerrando los ojos para imaginarsela viva, pero tuvo que renunciar a aquel ejercicio porque no podia apartar de la cabeza la imagen inerte de su figura sin aliento. En el vestibulo alguien dio la voz de alarma al ver descender la escalera a Teleno y a Fuentes.¡Ahi vienen el comisario y el juez! Genarito disparo la camara sobre los dos.Ya esta aqui el pelma del periodico.Dejelo, hombre. Es lo que tiene que haceren el fondo, el comisario estaba encantado de salir en los papeles. ¡Señores, señores!el policia decidio dirigirse a la horda de curiosos, pero antes intento apla con un gesto que recordaba mucho al de un emperador romano en los instantes previos al comienzo de los juegos circenses. Calmense, por favor... Poco a poco, los presentes fueron quedando en silencio, seguros ya de que el comisario iba a proporcionar noticias frescas.Supongo que ya se habran enterado de que una de las huespedes del hotel ha aparecido muerta esta mañanase interrumpio a si mismo manejando a conciencia un dramatico silencio. Ahora hemos abierto las oportunas diligencias para esclarecer cuanto antes las causas del fallecimiento, pero creo que estamos ante un caso de suicidio. Un murmullo de sorpresa, de desencanto en algunos casos, recorrio como un enjambre el vestibulo del hotel. De buena gana el comisario Fuentes habria seguido dando detalles sobre el cadaver de Cristina Sanjuan y las pildoras doradas de las que parecia haberse atiborrado hasta llegar a la muerte, pero el juez Teleno parecia pedirle que cerrara el pico dejando caer sobre el una mirada asesina.Bueno, ya esta bien. Usted, Genaro, deje de hacer fotos. Luego daremos una nota oficial contando lo que ha pasado. Hagan el favor de marcharse a casa, que aqui no pintan nada. Fuentes y el juez se dirigieron a la puerta.