Hoteles en New Mexico

Colgo el telefono de golpe, sabiendo que no valia la pena discutir. Estaba tan furiosa que decidio calmarse tomando una copa en el Mariscombe Arms. Leonard, como siempre, la escucho con simpatia mientras despotricaba. Aquella noche, cuando entro en el Lamb, se encontro a esperandolo en la mesa de siempre, preparada para la discusion. llevaba unos vaqueros desgastados y una camisa azul claro con las mangas enrolladas. Sonrio a y la abrazo, pero ella se aparto y lo miro muy seria. La boca de dibujo una sonrisa ironica. Oh, lo dijiste exactamente asi, Zepha.Sonrio y luego puso cara pensativa. Eh, ydijo al voluminoso detective que tenia a su lado. ¿Cuantas veces has sacado el arma? Una oferta cerrada te compromete legalmentele advirtio . Luego no te puedes retirar. ¡Mierda!grito a la camarera. ¡Por tu culpa parece que me haya meado encima! Habia telefono, radiogramola y toda clase de mecanismos electricos, desde un encendedor de cigarrillos hasta un calentador para los pies, porque Bo Gum era un gran admirador de la electricidad. El banquero se hallaba sentado sobre el canape, y aun cuando habia bebido mucho estaba completamente sereno. Como la noche era sofocante, tenia el torso desnudo y solo llevaba un negro pantalon de seda. Su piel era de color de cobre, y la gigantesca caja toracica y los musculos de sus hombros recordaban a su hijo poderosas figuras que habia visto en algunos monumentos. En el suelo, acurrucada ante , se hallaba una elegante coreana que tenia en los brazos una botella de whisky como si se tratara de un niño y balanceaba entre los dedos un vaso medio vacio dispuesta a llenarlo tan pronto como lo ordenara su señor. La radio, colocada en un rincon, transmitia la musica del jardin, que se filtraba tambien debilmente a traves de las paredes. Las ventanas, que casi llegaban al suelo, estaban abiertas, y por ellas podia verse la ciudad, entre los numerosos y multicolores letreros luminosos. Otras dos jovenes, con los rostros brillantes de sudor, bailaban al compas de un lento foxtrot. Danzaban tan inclinadas y entrelazadas que el espectaculo era lascivo y excitante. Me quede sin aliento. El cheque quedo sobre la mesa. sonrio. Hola. Al final has venido. ¡No la tomes con el mensajero!dijo. no pudo evitar reir. Queria gritar algo, pero los sonidos no fluian por su garganta. Tuvo que pasar un instante para que hablara de nuevo. ¡No pares, por Dios! estallo en carcajadas y la miro con el ceño fruncido. ¡Revisionismo historico!declare ante una audiencia de espectadores imaginarios. Cansado, nada mas. Cerro la maleta. ¿Eso se paga con nuestros impuestos?inquiri.