Hoteles en Ohio

La extraña amabilidad del feriante sorprendio a y eso le hizo mirarlo a los ojos. El hombre sonrio, mostrando oscuros huecos entre sus dientes. Con ese gesto, acababa de perder toda la credibilidad. Caragh se recosto contra el respaldo de la silla, tremendamente satisfecha de si misma. no sabia que hacer. No.Colgo un traje de brillante seda naranja (el que se ponia los viernes) en el armario y luego cerro la cremallera de la maleta. Seguia medio llena de ropa. Solo vengo para invitarla a cenar con la señora Tyler mañana por la noche. y se casaron aquel verano en Mount Tam. Los chicos asistieron al enlace y paso el dia sola en Stinson Beach, mirando el mar; recordo los años que habia vivido con su marido y el dia de su boda. Era como si aquel dia, una parte de ella muriera. Pero tambien sintio que enterraba algo que llevaba muerto bastante tiempo. Hasta cierto punto, se sintio aliviada. Lo que de verdad necesito son mas servilletasy, en un impulso que no supo reprimir, añadio: Aunque, por supuesto, siempre podria chuparme los dedos. Recogio su camisa y escruto el horizonte. ¿A que distancia se hallaba del complejo? No habia postes telefonicos ni carreteras, ni letreros que señalaran el camino. Para orientarse mejor, empezo a trepar al peñasco, pero su pie resbalo. Cayo rodando entre las grandes rocas que eran mas viejas que el tiempo. Amo muy feliz. Ah Sinfu muy feliz. Ama muy felizdijo. Regency Corporation. Diablos. Bueno, el sitio estaba patas arriba, con todo el mundo buscando la puta BlackBerry de este tio. O. gesticulaba de forma violenta a pesar de la taza de cafe caliente del Dunkin" Donuts que llevaba en la mano. Su rostro recien afeitado y rosado estaba volviendose mas rosa a medida que hilvanaba su relato del espectaculo urbano. Y el colega tenia sangre por toda la camisa, no un reguero, sino toda empapada, como un puto delantal sanitario... Disculpa mi frances, Zepha... Pero el caso es que nadie preguntaba por la sangre. Estaban levantando los cojines de los sofas, vomitando los perritos calientes, dando la vuelta a los carritos... Joder, la gente no busca a los niños desaparecidos con tantas ganas. Y otro gritando en plan " ¿Me acusas a mi? ¿Me acusas a mi de mangarte la puta BlackBerry? ¿Como te atreves, joder? Mira, tengo una Treo, ¿para que coño necesito tu puta BlackBerry?" y mierdas de esas. Y la cosa iba de mal en peor, pero ¿que coño iba a hacer yo? ¿Ponerme a gritar "CIE, todos quietos"? Al verles de pie junto a la mesa para recibirla, se habia fijado inmediatamente en lo distintos que eran. Max era bajito, regordete y alegre; tenia unos calidos ojos color castaño, era calvo y llevaba barba. Tenia unos sesenta y tantos años y llevaba cuarenta como ilustre director de Hollywood. Era solo un poco mas alto que y tenia cara de fraile, o mas bien parecia un elfo de cuento de hadas. Era amable, cordial y poco ceremonioso. Iba vestido con unos vaqueros, una camiseta y zapatillas de deporte. Probablemente el adjetivo que mejor le describiria era "acogedor", una de esas personas junto a las que uno quiere sentarse, tomarle las manos y contarle sus secretos mas intimos. ¿Que has dicho? Se trataba de la casa de B. S., que estaba en Soochow y en la que habian pensado hacer una especie de viaje de bodas a fin de semana. miro alrededor. no estaba obsesionada con el hotel;