Hoteles en Oregon

lo observo atentamente desde su asiento de la ultima fila. Aunque era mayor que , y mas corpulento, el parecido se advertia en la estructura osea, las cejas oscuras y el hoyuelo de la barbilla, y sintio que el corazon le retumbaba con fuerza en el pecho. llevaba un traje gris impecable, y su expresion se ensombrecio cuando su mirada se cruzo con la del parroco e hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza. Podian empezar. te busca, corazonsusurro mirando a l, y acto seguido lanzo una deslumbrante sonrisa a . Me presento: soy Snow. Habia terminado de desayunar y, tras una breve conversacion con doña acerca de la inminente llegada de una nueva doncella que sustituiria a , de la cual seguian sin saber nada, se paseo por el salon con la excusa de acercarle a una clienta unos guantes planchados. La lluvia caia malhumorada y corria por la ventana en arroyuelos. Era un dia nublado y ventoso, desagradable. El restaurante estaba mas oscuro de lo habitual y las velas se esforzaban por iluminar el espacio con tanta exquisitez como la propia clientela del hotel. Era el dia de la cena de Reyes. Una noche unica convertida en toda una tradicion que llevaba decadas celebrandose con opulencia en el Gran Hotel. A pesar de que apenas habian transcurrido veinticuatro horas desde el funeral, fue doña Consuelo la que tomo la decision de seguir adelante con el evento. Ahora que el proyecto del ferrocarril habia quedado frustrado, las reservas del hotel volverian a ser irregulares, como habia ocurrido durante el ultimo año. Habia que sacar partido de este tipo de celebraciones que siempre gozaban de una clientela fija. Bastante tenia con haber perdido a don , si ademas perdia a sus huespedes mas fieles. Al fondo, en uno de los rincones que quedaban en penumbra, y Mr. se despedian. "La casa del pueblo y todo lo que hay Esperadice, y retrocede. He venido por otro motivo. He decidido añadir una ayudante a mi actuacion. ¿Te gustaria ser tu? Gran Hotel, Cantaloa, Pero no sentia ninguna inquietud. Un incontenible nerviosismo, tal vez, pero no miedo. Al fin y al cabo, ¡aquella operacion le iba a cambiar la vida! Creame, no soy su amante. O podrias ser un infeliz toda tu vida. No dire una sola palabra, te lo prometo. Yo juego sucio, Zepha Z. saco a del local, la llevo al sitio donde los estaban esperando las chicas, palidas y agotadas, y la metio a empujones en el taxi que aguardaba para salir.